“Intersección centroamericana: la vida común en la frontera sur de México”


25/12/2017


Por Carlos Arturo Romo Zapata/ Tapachula, Chiapas. 7 de junio del 2017

Aunque no tengás nada, aquí me siento más tranquila

No hay peor desgracia que abandonar tu país en busca de mejores oportunidades de vida. Bueno, sí hay peor desgracia: abandonar tu país porque tu vida peligra y la de tu familia.

“Donde yo vivía tuve problemas junto con mi esposo. Las pandillas te quieren forzar a que hagás cosas que tú no querés. Y si vos no lo hacés te amenazan que te van a matar. Y entonces mi marido me dijo vámonos para México y nos venimos para acá”.

Es la voz de Juliana N que habla de vos (como decimos en Chiapas) expresiones empleadas cuando entras en confianza con la gente. Esta acentuación de las palabras es característica de los pobladores de Chiapas y se extiende hasta el Cono Sur. 

Ella tiene 3 días en la ciudad de Tapachula. Llegó del país centroamericano El Salvador junto con sus tres hijos: la mayor de siete años, el varoncito de dos y medio; y la más pequeña, de un año, que tiene en sus brazos, pide dinero afuera de un centro bancario. Su marido hace lo mismo en el cruce de una gasolinería cercana.

Duermen en la calle, en un modesto hotel o donde alguien de buena voluntad les brinda alojamiento. “Hay gente buena y gente mala”, señala Juliana N.

Es de noche y la temporada de lluvias la acompañará durante un largo periodo del año. En esta región del país la precipitación pluvial es la de las más altas de México. Por lo menos refresca el aire y pone de mejor humor a la gente que ya se  acostumbró a ver a los migrantes  centroamericanos pidiendo limosna. Un cuentahabiente deposita unas monedas en la mano de Juliana N. 

Mientras la pequeña bebé de piel blanca y  mameluco rojo intenta agarrar la grabadora. Le doy la funda de mi equipo para que juegue con ella.

“La necesidad hace que nosotros pidamos. Hay gente que nos desprecia, que no le gusta que uno le pida, nos humilla y nos ven mal y nos dicen: ¿qué vienes hacer acá? ¡Sí aquí estamos peor!. Yo le digo a mi esposo que aquí me siento más tranquila, aunque no tengás nada. Aquí me siento más tranquila”, me comparte Juliana con lágrimas contenidas como la mayoría de las personas que me han relatado sus testimonios.

 Y además sentencia “Aquí no estás con lo mismo de que no puedes entrar a una colonia porque te matan porque no eres de la misma pandilla o de la misma clica”

La violencia que se vive en el llamado “Triángulo Norte” de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala) ha incrementado drásticamente la  migración centroamericana que pide refugio o asilo en México.

Las cifras oficiales de la Coordinación General de la Comisión Mexicana de Ayuda Refugiados (CGCOMAR) muestran un crecimiento promedio anual  de 89.2% en el número de solicitudes de asilo presentadas ante dicho organismo entre 2013 y 2016. Destaca particularmente que del año 2015 al 2017 el número de solicitudes pasó de 3 mil  424 a 8 mil 781, señala el Informe preliminar “La interpretación y aplicación del derecho Internacional y Nacional de los Refugiados en México” elaborado por la Universidad Iberoamericana de México, la Clínica Jurídica para Refugiados Alaide Foppa y el Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova de Tapachula, Chiapas; y presentado el 12 de junio de este año con motivo del “Día Mundial de los Migrantes” 

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, cuenta desde el 2003 con una oficina terrena en Tapachula, Chiapas. Antes estuvieron en la ciudad de Comitán, otra ciudad fronteriza del estado chiapaneco donde trabajaron en la atención de los refugiados guatemaltecos que huyeron en la década de los ochentas  por el conflicto armado en su país. Ahora ya son mexicanos. Algunos retornaron a su tierra después que se firmó el último Acuerdo de Paz entre el Gobierno de la República de Guatemala y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, URNG (29 de diciembre de 1996, Palacio Nacional de la Cultura de Guatemala). 

Ahora la atención se encuentra en los cruces fronterizos formales  existentes en las márgenes del Río Suchiate: Ciudad Hidalgo y Talismán donde el tránsito de indocumentados es el pan de cada día. Aunque visiblemente han disminuido los flujos migratorios, el número de personas que solicitan asilo va en aumento.

Previa cita Valentina Duque Echeverri, Oficial Asociada de Protección,  me recibe una tarde en las oficinas del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR. Por fuera es un edificio inmaculadamente blanco con letras azules, color  característico  de la ONU. Dos bancas largas verdes de metal custodian la entrada cubierta con toldos azules que sirven para resguardar del sol y la lluvia a sus visitantes: los migrantes que buscan asilo o refugio en México.

ACNUR trabaja con sus contrapartes para desarrollar y fortalecer programas para facilitar la integración de la población refugiada en México. ¿Quiénes son sus contrapartes en México?, le pregunto a Valentina:

“Trabajamos de la mano con COMAR, instancia responsable quien determina quién es la persona que se reconoce como refugiada y a quién no se le otorga esta condición. Y con el Instituto Nacional de Migración en la coordinación de acceso a la regularización de aquellas personas que solicitan el refugio.

Cuando hablamos de protección estamos hablando de un enfoque bastante amplio en donde buscamos que progresivamente las personas refugiadas tengan el goce más amplio de sus derechos humanos, económicos, sociales y culturales.

También, trabajamos con la sociedad civil que atiende a la población migrante como con población refugiada y ofrecen diferentes tipos de  servicios como asesoría legal, acompañamiento psicosocial, albergue, entre otros. Entre ellas se encuentran el Albergue Belén, El Centro de Atención Pastoral para Migrantes y Refugiados, el Servicio Jesuita a Refugiados, Una Mano Amiga (UMA) con el proyecto específico de prevención de VIH y derechos de la población LGBTTI y próximamente con la Red Education Trust.”

¿Cómo se inserta un refugiado o el solicitante de la condición de refugiado al estudio en una escuela pública?

“Independientemente de su estatus migratorio todos tienen el derecho a la educación.  En pláticas con el Secretario Municipal de Educación acordamos sensibilizar a las escuelas de nivel básico básica sobre quién es una persona refugiada, cuáles son su derechos, cuáles papeles se es les puede pedir debido a que tuvieron que salir de su país de manera impronta. Y de esta manera, poder homogenizar el reglamento de los diferentes centros educativos. Además de implementar  una prueba de evaluación  para que los jóvenes puedan retomar sus estudios en México.

En el DIF Municipal los jóvenes migrantes pueden llevar sus estudios en periodos abreviados de primaria y secundaria  reconocidos por la SEP.

¿En el caso de atención a la salud?

“En el caso de salud, las personas migrantes y refugiadas pueden solicitar el Seguro Popular por tres meses, que es el periodo que dura el trámite ante la COMAR para regularizar su estancia en nuestro país. Aunque a veces ese periodo dura más de ese tiempo.

La COMAR cuenta con una Unidad de Asistencia que vela por el acompañamiento que requiere la población en el tema de salud.

¿Qué sucede  con los menores de edad que emigran solos? “En el caso de los menores no acompañados es otro marco normativo. La  Procuraduría de Protección de Menores de Edad  juega un rol esencial en quiénes recae la responsabilidad de definir las acciones pertinente para garantizar el interés superior de los menores de edad.

Valentina Echeverri es una joven funcionaria, espigada de cabello largo negro y tez blanca, de lentes de armazón negro  que viste un saco negro que contrasta con su blusa blanca y zapatos casuales. El espacio climatizado permite el uso de este tipo de ropa abrigadora. El movimiento matutino de la oficina ha cesado. El peso del trabajo administrativo parece ser en la mañana. En las paredes interiores cuelgan fotos en blanco y negro de indígenas y campesinos guatemaltecos que retornaron a su país después de los acuerdos de paz de 1996. En una pared más al fondo se alcanza a ver la foto de un balsero que cruza el Río Suchiate,  frontera natural de México con Guatemala: los “nuevos” escenarios de la migración.

La paja en el ojo ajeno

La contraparte oficial de ACNUR es la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, COMAR, también con sede en Tapachula y también, anteriormente, con residencia en la ciudad de Comitán.

Su edificio se ubica en la 8a. avenida sur número 39 esquina con 4a. avenida poniente, Colonia Centro. No existe letrero alguno que señale a la dependencia del gobierno mexicano que resalta por sus muros altos protegidos por una culebra de alambre de púas. Enfrente, sobre la banqueta alta de la  4a. avenida poniente alrededor de  diez hombres esperan en cuclillas para ser atendidos.

Toco el timbre del interfono y me atiende un policía vestido de azul marino, pistola al cinto y corte militar, logotipo de la bandera nacional al hombro. No identifico su rango o corporación militar. No es un empleado de una empresa de vigilancia.

Me presento y le solicito hablar con la delegada de la COMAR y los motivos de mi entrevista. El vigilante me pide que me registre en una libreta con la presentación de una identificación. Me dice que la delegada se encuentra en una junta y que espere en el sofá color champagne de vinipiel y aprecio que tiene pequeñas cuarteaduras, como sí se hubiera quebrado el vinil, seguramente por su uso continuo. 

El edifico es de dos plantas o más no puedo saberlo con precisión. Unas amplias escaleras circulares con piso tipo mármol se encuentran al fondo. A mis espaldas, en una pequeña aula, alrededor de una docena de personas se encuentran sentadas en  pupitres como si estuvieran presentado un examen de admisión. Las personas con pluma en mano no escriben, las preguntas han de ser difíciles, considero. Algunos dirigen su vista hacia el techo. Todo se encuentra en silencio. 

Una niña pequeña sale de la oficina de enfrente, me imagino que es la hija de uno de los trabajadores.

Momentos después aparece por esa oficina una mujer menudita, tez blanca y cabello corto a quien le expongo los motivos de la entrevista y me invita a pasar a su oficina. Dudo que sea la Delegada de COMAR, debido a que me habían informado que se encontraba en una junta. Le pregunto que sí es la delegada Ana Delia Cruz Márquez, a lo que responde que sí. Me explica las políticas de atención a medios de comunicación donde es necesario solicitar la entrevista mediante un oficio dirigido a la licenciada Marcela de la Rosa de la Secretaría de Gobernación en la ciudad de México.

Me comenta que anteriormente la empresa televisa solicitó una entrevista para el reportaje “Éxodos” que el periodista Carlos Loret de Mola realizó sobre el refugio. La entrevista ya no fue realizada. Quizá era más interesante lo que acontecía en Siria y la necesidad de ayuda humanitaria en lejanas tierras. O a lo mejor era inoportuno mostrar que el gobierno mexicano no brinda un trato humanitario a los solicitantes de refugio. ¿Por qué mirar la paja que hay en el ojo ajeno y no ver la viga que está en propio?. 

La pequeña niña entra a la oficina, y Ana Delia me dice que su mamá se encuentra contestando un cuestionario. Le comento que si eso es precisamente lo que hacen las personas que se encuentran afuera. Me dice que sí, que incluso les ha tocado aplicar  cuestionarios a solicitantes de asilo que huyen de la violencia y a sus verdugos: los maras (que también huyen de la violencia). Por supuesto que los han separado para poder continuar con ese trámite. Esta historia ya la había escuchado a un residente permanente salvadoreño, ¿será la misma? ¿o son recurrentes estas situaciones?.

Me parece oportuno preguntarle sobre los esquemas de protección que brinda el estado mexicano. Le digo que el hecho de que una persona no tenga para cubrir sus necesidades básicas como la alimentación, salud, educación, recreación y seguridad ¿no se encuentra en un esquema de violencia?. Me dice que no y me señala: “Lo invito a que lea la Ley de Migración (antes Ley General de Población, derogada en el 2010). Es una ley benévola que da respuesta en 45 días hábiles a las peticiones de asilo o refugio. A diferencia de otros países que dura el trámite hasta dos años”. Le respondo que lo haré detenidamente, pero que sin embargo, considero que si las personas no cuentan con las protecciones básicas brindadas por el Estado para su crecimiento en armonía se encuentran en una situación de vulnerabilidad y por qué no, de violencia 

AQUÍ LA LEY DE MIGRACIÓN.. 

En México ¿Qué genera la violencia? ¿La pobreza en que se encuentra sumergida más de la mitad de su población?. ¿La corrupción y la impunidad?. ¿El enriquecimiento inexplicable de gobernadores que sólo (algunos) enfrentan procesos penales por uso indebido de bienes públicos?. El caso más reciente es el de Cesar Duarte (ex gobernador del estado de Veracruz) detenido en una prisión del vecino país de Guatemala. 

Años atrás fue detenido, también en Guatemala, el narcotraficante Archivaldo Guzmán “El Chapo” y entregado a las autoridades mexicanas en el cruce fronterizo de Ciudad Hidalgo, Chiapas.     

¿Qué pasa en la frontera sur de México. Qué se deja pasar y que no “de aquí para allá y de allá para acá como dice la canción Contrabando Machaca del grupo  mexicano de ská Cabrito Vudú.

Le pregunto a Ana Delia ¿dónde se encuentran los residentes permanentes centroamericanos? Me responde que no hay una colonia o municipio de Chiapas donde residan. Se encuentran en permanente movilidad. Algunos optan por internarse en el territorio nacional o migrar hacia los Estados Unidos de Norteamérica.

¿Y casos de éxito? Me dice que está el empresario salvadoreño de las “popusas” (para nosotros especia de gorditas de masa fritas) que cuenta con varios establecimientos en la ciudad de Tapachula, y que seguramente gana más en una quincena que el salario que percibe como funcionaria. 

Le agradezco el tiempo y la orientación brindada a la delegada de la COMAR en Tapachula, y me retiro. Los solicitantes de refugio continúan en silencio aplicando su cuestionario. 

Salgo y la luz del sol hace más blanco el cielo. A pesar de las constantes lluvias el sol quema y enfrente de las oficinas de la COMAR continúan sentados y en cuclillas los aspirantes a una entrevista. Se recargan sobre la pared de una escuela de baile afroamericano: cumbia, salsa, merengue y punta. La música de sus países.

Podemos decir, la piedra en el zapato

Mavi Cruz Reyes es la encargada de comunicación del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova con sede en la ciudad de Tapachula. Es uno de los tantos organismos o contrapartes (como denomina ACNUR) que trabajan desde diferentes enfoques para facilitar la integración de la población refugiada en México.

Su oficina, también se ubica en la Colonia Centro. Es una casa antigua de muros altos, ventanas con herrería negra y  teja. Su acceso es por una amplia cochera donde se encuentran sentadas personas de origen centroamericano. Esperan en silencio. Al centro de la casa un amplio patio donde un carpintero lija una puerta. Hay mantenimiento en el inmueble.

Pregunto por el responsable del Centro y me atiende Mavi. Me invita asentar en un anexo de la recepción donde se  encuentra una mesa redonda. Se disculpa por el polvo. Le digo que es inevitable cuando alguien arregla su casa o se muda de ella. Niños de casi seis años se acercan a unas cajoneras  donde encuentran juguetes para entretener a los pequeños mientras sus padres son atendidos.

El más próximo, un niño afro vestido con una playera deportiva, toma un carrito de patrulla de esas que salen en las películas hollywoodenses y se destrozan en mil pedazos durante interminables persecuciones. Se retiran a jugar en los amplios corredores.

Mavi me explica que trabajan en la atención a los migrantes desde tres  enfoques: la defensa integral de las personas y acompañamiento jurídico, ayuda psicológica e inclusión social,  y en propuestas y señalamientos a los gobiernos para que traduzcan en políticas públicas acordes a las necesidades actuales de los solicitantes de refugio.

Considera que la violencia estructural que se vive en Centroamérica es uno de los enfoques que se deben contemplar para considerar el otorgamiento del asilo o refugio en México a los migrantes.

El concepto del “Triángulo Norte”, región que ocupa los países de Honduras, El Salvador y Guatemala les parece inadecuado surgido de una estrategia militar para atender el fenómeno migratorio. Como también insuficiente el trabajo que realiza la COMAR. El boletín del 20 de junio  de este año así lo manifiesta:

“El CDH Fray Matías quiere recordar así en un día tan especial al Estado y a la sociedad mexicana un hecho que habla por sí mismo de esta desprotección: el Gobierno, a través de la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (COMAR), instruyó de enero a septiembre del año 2014 un total de 1.525 solicitudes de asilo, y concedió protección a 286 personas (247 con estatuto de refugiado, y 39 con protección complementaria). Sin embargo, ese mismo año el Instituto Nacional de Migración (INM) mantuvo privadas de libertad a 127.149 personas por motivos de control migratorio, de las que deportó a 107.814, de las cuales el 97 % eran originarias de Honduras, El Salvador o Guatemala”.

El “Día Mundial de los Migrantes” es un buen escaparate para hacer un “corte de caja” de las acciones que emprende el gobierno mexicano para la atención de los migrantes que solicitan refugio en nuestro país. Siempre habrá déficits. Por ello, la labor que realizan los especialistas en el tema de migración, los que trabajan en la protección de sus derechos y los organismos gubernamentales de los países involucrados  es de suma importancia para su atención digna y oportuna. 

Recuerdo que Juliana N, testimonio con que inicio este reportaje, me dijo que “había ido a COMAR y que les habían dicho que no les podía dar asilo o papeles mexicanos. Ningún permiso ni nada de eso”. Yo ya había estado en ACNUR y le proporcioné la tarjeta del Jefe Residente de dicho organismo. También le di la dirección del Centro de Derechos humanos Fray Matías de Córdova. Se encuentra a dos cuadras de donde la conocí.

La gran parte de la población que emigra de Centroamérica vine del campo o de los barrios populares de las ciudades. Ahora ya no son los jóvenes de entre 18 y 35 años de edad que piden refugio. Ahora son familias completas. Además ya no solo los acechan las pandillas, sino las clicas de una misma pandilla. Ser joven y desplazarse para trabajar en la calle los hace blanco facial de crimen organizado. 

A través de picar aquí  y picar allá los migrantes conocen sus derechos  que les permite solicitar asilo o refugio en México  mientras se sienten protegidos alejados de la violencia que se vive en sus países. Cuentan con treinta días para presentar la solicitud de refugio ante la COMAR y muchos lo desconocen.

Brayan es un joven de 22 años que ya realizó su solicitud de asilo en México. Tiene un par de  meses en el país y espera respuesta, mientras trabaja en una Barbería Shop; ahora en boga dan trabajo a estilistas migrantes especializados en los nuevos cortes de cabello y barba. “Los jugadores de futbol europeo son algunos ejemplos de las tendencias de la moda”, me dice mientras me corta el cabello. 

Me comenta que tiene un cliente que se presenta cada semana para que le perfile el corte. “La raya de lado marcada con la máquina de rasurar es retomada de los militares rusos”, señala Brayan. Así también, “entre más amplio sea el marcado de la raya, esta indica  el alto rango o grado militar”.

Brayan manejaba una moto taxi en El Salvador. Las pandillas lo abordaron para que trabajara para ellos. En caso de no hacerlo lo matarían. Tuvo que huir con su joven esposa de 22 años y su hijo. Allá quedaron sus padres y su hermano que estudia el bachillerato.

Residentes permanentes

Francisco M es refugiado. Después de dos años, y con la asesoría de ACNUR, logró su residencia permanente en México. Trabaja de mesero y le ha sido difícil encontrar empleo, “hay discriminación y desconfianza de parte de los empleadores”, señala. En su país natal, El Salvador, trabajaba en un medio de comunicación. Tuvo que huir porque le pedían que hablara bien de  las pandillas. De no hacerlo, lo matarían. 

Javier T, revalida sus estudios de bachillerato en un programa académico a corto plazo. Tiene 16 años y quiere ser locutor. Seguro lo logrará. Si logro sobrevivir a la persecución que vivió por parte de las pandillas. Para acudir a la escuela tenía que caminar cinco kilómetros. Su casa quedaba a la entrada del pueblo. Su figura era visible, por ello atravesaba plantíos de café con tal de llegar a la escuela sin ser visto. Hasta que un día su madre recibió tres impactos de bala mientras se encontraba afuera de su escuela. Así salieron de su país. 

También Bertha se anima a compartir su vida. Trabaja como mesera en un comedor. Fue testigo de la muerte de un policía y era presionada por las autoridades para que realizara  su declaración,  y  por las pandillas para que no lo hiciera. Su tiempo de vida estaba contado. Ahora radica en  México con su hijo.

Un enfoque humanitario

La discriminación y el maltrato ahora lo viven en México. Es difícil para la población mexicana entender que las personas que piden refugio en México obedecen a causas humanitarias, principalmente por la violencia que se vive en su país a causa del control de los territorios y reclutamiento forzado por parte de las pandillas. Hay otros factores (pero este es el principal): violencia homofóbica y transfóbica, violencia sexual hacia las mujeres, extorsión al comercio, violencia intrafamiliar, entre otros.   

Las personas no dejan su tierra por gusto, sino porque se encuentra en riesgo su vida si permanecen más tiempo.

Con seguridad seguiremos viendo a migrantes en la calle o en las noticias. La migración en la frontera sur es un fenómeno de grandes magnitudes donde lo menos que podemos hacer como ciudadanos es juzgarlos por su apariencia. La discriminación puede ser tan severa como la intimidación o el miedo. Se encuentran ahora en México y tienen que empezar a re-hacer su vida;  como dicen: a empezar de cero. Ni los migrantes, ni los refugiados, ni nadie merecemos cargar con más penas y sufrimientos

“En el tema migratorio, México y Guatemala (…) deben seguir trabajando de manera conjunta para dar un enfoque humanitario a ese fenómeno, y lograr una migración digna, ordenada, ágil y segura, afirmó el presidente Jimmy Morales al recibir en el Palacio Nacional de la Cultura a su homólogo mexicano, Enrique Peña Nieto”, señala la nota de Rosa Elvira Vargas (7 de junio del 2017, La Jornada en línea).

Entonces ¿No existe un trato humanitario para los migrantes por parte de los países de Guatemala y México? ¿Mucho menos digno y seguro?

Los migrantes vienen a contribuir al desarrollo de este país, y que mejor que lo hagan en las condiciones básicas de paz, armonía y respeto. Preceptos que también añoramos en esta tierra que es México.

 

  

Foto Cortesía:Juan de Dios García Davish

 

 

 


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Por Manuel Gutiérrez Ortiz

La felicidad es un camino...No es la meta
Por Psic. Mariano Medina

Contaminación auditiva y ambulantaje
Por Manuel Gutiérrez Ortiz.

El órden...Una necesidad.
Psic. Mariano Medina L.

Modernizar la política de seguridad en los municipios
Por Manuel Gutiérrez Ortiz.

Algo sobre El eterno femenino
Lupita Calvo

Ante el estiaje: “La kisst” y “Navajuelos” los más afectados
José Romo

El Rastro Municipal, una problemática aún por resolver
Manuel Gutiérrez Ortiz

Fenómenos en la Adolescencia y Juventud
Psic. María Izquierdo

Mi Punto de Vista
Manuel Gutiérrez Ortiz

Nuevo proyecto periodístico en San Cristóbal de Las Casas
José Romo

Ante la llegada del estiaje, reflexionemos sobre el agua
Biniza Cantú

Una nueva época de esplendor del teatro en Chiapas
Lupita Calvo

Mi Punto de Vista
Manuel Gutiérrez Ortiz

El camino que todos caminaremos con la vejez
María Izquierdo Mercado

Días complicados, jóvenes difíciles
Psic. Mariano Medina L.

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