Entrevista con Carlos Gutiérrez Chávez, encargado del Librobus # 10


18/04/2017


No requirió difusión en el periódico o la radio local. Ya ni se diga por las redes sociales. El Librobus de la Secretaría de Cultura (antes Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) ha donde se dirige tiene éxito. Sí, éxito en sus ventas, en despertar  el interés por la lectura, en fomentar el gusto por ella a temprana edad…en acercar el conocimiento al pueblo.

Como si fuera un food truck (camión de comida rápida), que ahora están de moda en México, el Librobus se estaciona en un parque, en un mercado, en un lugar concurrido pues para que la gente se tropiece con él, suba las escaleras y hojee los libros que se encuentran en ambos pasillos y los adquiera. Algunos son de edición económica, otros de lujo y por lo tanto más caros. También hay cine de arte y música.

Los estantes o libreros se encuentran forrados de melanina color madera y al frente cuenta con un bordecito de vinyl tranparente para que los libros se puedan apreciar y no se caigan durante el recorrido.

Así me encontré el Librobus #10 instalado en el Parque Bicentenario de  la ciudad de Tapachula, tierra fértil a la que no pudo llegar  el año pasado debido a los bloqueos carreteros que mantuvieron los maestros por varios meses en oposición a la reforma educativa. 

El Librobus se encuentra a cargo de Carlos Gutiérrez Chávez y Hugo Armando Valdez, el conductor de la unidad; ambos de la ciudad de México  que recorren todo el país con tan lúdica labor: el fomento a la lectura.  

En Tapachula, Chiapas comenzó la última semana de marzo su recorrido por el estado. De ahí  viajan a  municipios de la Costa para internarse después por la depresión central y subir a los Altos de Chiapas. La duración del Librobus en tierras sureñas depende del interés y acuerdos que logre el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (CONECULTA) con los presidentes municipales. La lectura debe ser más importante que el programa comercial de una feria patronal donde los municipios derogan miles de pesos con tal de mantener a cierto sector de la población contenta-ocupada-ajena a los verdaderos problemas sociales que afectan a la mayoría.

“Nos lleva cuarenta minutos para abrir las puertas (más bien sus ventanas), a veces un poco más; esto depende sí hace frío o calor para ello utilizamos  guantes  que nos permiten maniobrar en bajas o altas temperaturas”, señala Carlos. Esto lo aprendieron en su andar por la República Mexicana.

El desplazamiento del Librobus por las carreteras del país es lento  pues traslada 6.5 toneladas de peso con un acervo de 4 mil libros. Calculo que la unidad móvil desarrolla una velocidad de entre  60 o 70  km. por hora. En una ocasión, durante uno de sus recorridos “el camioncito se volteó debido a la inclinación elevada del peralte de la curva; el conductor no pudo hacer nada. Salimos ilesos… sólo fue un susto”, señala Carlos. 

Les ha tocado de todo: lluvia, nieve, calor sofocante del desierto y hasta una balacera entre grupos del crimen organizado. Es así que no tuvieron más que cerrar el changarro y alejarse  de las calles donde se daba el enfrentamiento.

Platico con Carlos un sábado por la noche en una cafetería ubicada frente al Parque Bicentenario, plaza que se encuentra concurrida debido a la presentación de la “Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil Esperanza Azteca” programada a las 19:00 hrs. La lluvia de la tarde-noche posterga unos minutos tan magna presentación.

-La música no nos hubiera permitido llevar a cabo la plática, señala Carlos.

-Así es, le respondo. Disponen de una buena sonorización e iluminación, aunque su repertorio no cubre mis expectativas: se basa en la obra de Juan Gabriel. Pareciera ser que eso es lo que le agrada a la gente. Es como sí el Librobus vendiera libros de Jordi Rosado o revistas de TV y novelas. Por cierto, publicaciones con altos índices de ventas en el país.

-No dan paso sin guarache los de TV Azteca, le comento  a Carlos, en referencia a la música del “Divo de Juárez”. De esta manera aseguran una mayor audiencia y continuidad en los gustos musicales de las nuevas generaciones: consumo, pues. Hubieran visto a una niñita cantando con tanto fervor “Amor eterno”… ¡Diosito  nos ampare¡ Dicha canción es tan popular en México que ya forma parte del repertorio de la música fúnebre que se toca en entierros, funerales, misas, cabo de año y demás.

Carlos es de tez blanca, como si no le diera el sol (o será que se mimetiza con las hojas de los libros), cabello lacio-negro-entrecano y barba sin rasurar de por lo menos uno o dos días. Viste una playera blanca con el dibujo de un tigre de motas verdes, amarillas y negras que me observa. Pantalón de mezclilla y tenis para correr. Los colores llamativos así lo indican. Dicho calzado liviano le permite trabajar alrededor de doce horas diarias. 

Carlos es amable en la plática, tiene una voz tranquila y pone atención a la entrevista. No parece un acelerado citadino, sin embargo a lejos se  ve que viene de fuera.

El Librobus se quedará casi tres meses en Chiapas.  ¿Y tu vida? ¿Qué sucede con ella? ¿No ves los partidos de futbol? Es decir –pienso yo- ¿no es una persona normal?.

“Hay tiempo para la distracción. Lo tengo que combinar con mi compañero. A él le gusta el box y a mí me gusta el futbol y el beisbol. Entonces hay un pequeño espacio para esa parte. Ha sido difícil hacer un trabajo foráneo combinarlo con mi actividad personal. Pero siempre llevo un libro para mi lectura”.

¿Qué lees en este momento?

“Leo algo que tiene que ver con la teoría del desarrollo, las teorías independentistas. Sobre todo esas escuelas de la teoría económica”.   

Trato de no hacerle preguntas íntimas  por aquello de la transgresión a la vida privada; sin embargo,  sus historias son interesantes como las de un libro de cuentos. Me imagino que su oficio de comisión ha de decir algo así: comisionado por casi tres meses para vender libros en las principales plazas de los pueblitos de Chiapas. Periodo: indefinido, depende si los ciudadanos  presidentes municipales del país consideran favorable que las personas lean.

Carlos ¿Cómo entras en contacto con el programa del Librobus?

“Fue precisamente a través de la radio en una entrevista que le hicieron al entonces director de EDUCAL (responsable del programa del Librerías Móviles) donde escuché de qué se trataba el Librobus. De esta forma, busco a las personas encargadas para participar con ellos”. 

¿Qué te dijeron?

“Después de conocer mi currículo  y de saber del entusiasmo que tenía pues me dieron la oportunidad”. 

¿Qué estudiaste?

“Yo soy egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la licenciatura en Relaciones Internacionales  y como sabrás universidades públicas como la UNAM tienen un compromiso social importante. Y yo he creído que algo que debía o debo de hacer  es regresarle esa parte que nos dio la misma población al tener la oportunidad de estudiar y hoy se la regreso contribuyendo con mi trabajo”. 

¿Sí dimensionas la labor que haces al regresar el conocimiento al pueblo?

“Sí yo creo que es muy importante. Me parece que es un punto vital para el desarrollo, no solo cultural, sino el desarrollo social de toda la población. Yo creo que esto me ha llenado, no solo como persona, sino como ser humano. Me siento contento de estar hoy en el Librobus”.

¿Yo veo un humanista vendiendo libros?, se me ocurre decirle.

“Quisiera, pero me conformo con ser un divulgador. Intento también ser un formador de lectores. Esa parte para mi es importante… ser un orientador. El que a veces un niño apenas está deseoso de saber cuáles son sus intereses para mí es importante ver cómo encontrar ese  punto de concordancia para que se lleven un libro o que lean el libro que les puede llenar”.

Tres meses fuera de casa promoviendo la lectura es toda una hazaña, como deber ser la de la Armada de México comisionada en las regiones más violentas del país para combatir  al narcotráfico. Carlos tendría que  ser  condecorado por su trabajo, creo yo. La Armada combate a la delincuencia, y él (con su fiel acompañante)  a la ignorancia que es tan peligrosa y mortífera como las balas  que dispara un arma de alto poder.

Carlos tiene muchas historias que contar. Le pido que nos comparta una…

 “Fue la de un niño en Ojinaga, Chihuahua. Ahí a los niños les dan dólares para comprar su refrigerio. Y uno de ellos nos preguntó si aceptábamos dólares. Entonces no lo hacíamos o difícilmente lo hacemos. Pero recuerdo que ese niño estaba muy entusiasmado en su lectura. Al otro día llegó llorando y nos dijo que sí le podíamos recibir los dólares porque quería ese libro. Lo que hice fue comprarle los dólares para que el niño pidiera comprar los libros y pudiese irse contento a su casa. Con las lágrimas en los ojos ese niño se fue con ese libro en sus manos”.

Alrededor de una hora platiqué con Carlos. Ya casi son las nueve de la noche y tiene que regresar al Librobus para cerrarlo. El concierto de la “Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil Esperanza Azteca” ha concluido. Antes de levantarnos de la mesa le comento que su cinturón es de piel de cocodrilo. Me dice que sí,  que se lo compró a un vendedor en San Luís Potosí que le dijo que  no había vendido nada en todo el día y que no tenía para comer.

Quedamos de vernos al siguiente día para que tome unas fotos de la partida del Librobus.  Yo me retiro. Tengo una invitación para escuchar al quinteto de jazz infantil-juvenil “Azul picante” de Tapachula que se presenta en el Centro Cultural  Independiente Puerta Abierta, a dos cuadras del Parque Bicentenario. Su repertorio se anuncia como blues, jazz y latin.

Al día siguiente, con el nuevo horario de verano acudo al Librobus. Pienso que su partida es un acto emotivo. Algo parecido se ha de sentir cuando zarpa un barco y se adentra en el inmenso mar. En este caso, el Librobus, se internará por tierras chiapanecas.

Carlos se viste de gala para tan importante evento: luce una camisa floreada con fondo azul rey  recién planchada y su fiel acompañante Hugo una playera  negra alusiva a la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ). Los colores obscuros no son recomendables en el trópico, sobre todo en plena temporada de calor. Sí se nota que son fuereños.

-Se puso la hawaiana, señala Hugo en referencia a la camisa vistosa que viste Carlos, ahora recién rasurado que le hace lucir una piel aun más blanca.

-Pues sí, le contesto. La playa se ubica a 20 minutos de donde nos encontramos. Me miran con asombro. Los libreros recorren el país y no siempre tienen tiempo para conocer sus alrededores. Espero que a su paso por la costa chiapaneca tengan la oportunidad de  ver el Océano Pacífico. 

Arriba a la librería móvil una de las últimas lectoras. Es una joven estudiante de bachillerato de Tapachula que pasaba por el Parque Bicentenario y que se encontró al Librobus como yo. Así me lo  hace saber.

Otras 13 librerías móviles se desplazan por el territorio nacional.

 

Libros de a 19 pesos

De la Colección Presente, fragmento del prólogo del pensamiento de  Salvador Allende escrito por Juan E. Garcés:

“Allende es ante todo un humanista. Su sensibilidad  ante el sufrimiento, la desigualdad, la explotación, individual y colectiva, en su patria o en otro país, orienta sus opciones teóricas, su formación, su compromiso en la acción. Su generosidad. 

Los administradores del Estado deben ser servidores de la sociedad, el acceso del pueblo a la dirección de los resortes estatales debiera liberar capacidades nacionales reprimidas, crear recursos orientados a satisfacer las necesidades de toda la población” (Garcés, 2010:19)

 

BIBLIOGRAFÍA                                                                                                                                                                                                                                          Joan E. Garcés. ” Presente, Salvador Allende”. España, Edición Sequitur.

2010.  

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