Entre luces y susurros


2018-12-31 11:44:58


Prosiguió su camino hasta llegar a la parte más alta, se detuvo unos momentos para cerrar los ojos y escuchar el paisaje sonoro del bosque...



Voces ensortijadas/María Gabriela López Suárez

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San Cristóbal Press/ San Cristóbal de Las Casas/a 31 de Diciembre de 2018

Rosalía hizo una pausa en su rutina cotidiana, esa pausa que la mente, cuerpo y espíritu requieren para retomar nuevos bríos y continuar el caminar.  Recorrió un sendero en el bosque, alejada del bullicio de autos, prisas de la gente y murmullos diversos que normalmente se convierten en ruidos que distraen. A cada paso que daba iba contemplando la vegetación, las aves, las mariposas, los hongos y  musgos visitantes en los árboles. No se quedó con las ganas de acariciar con delicadeza una piedra completamente cubierta por musgo, una especie de alfombra verde, la textura era suave y fresca.

Prosiguió su camino hasta llegar a la parte más alta, se detuvo unos momentos para cerrar los ojos y escuchar el paisaje sonoro del bosque, alcanzó a percibir trinos de aves y el vaivén de las hojas meciéndose al compás del viento, se le figuró como  los  movimientos lentos y fluidos que se hacen en la práctica del tai chi. 

Hizo una pausa en su recorrido para  sentarse y disfrutar de la tranquilidad al estar entre la naturaleza, como si el tiempo se detuviera o más bien, no existiera. Observó a las hormigas muy concentradas en sus labores para  recolectar hojas, de manera organizada y con rapidez. Contempló a un bello sapo, le pareció era adulto, aunque Rosalía no  era herpetóloga, llegó a esa deducción al observar la cara del sapo, con ciertos rasgos  en los ojos como si fuera un animal  muy sabio. Y así prosiguió encontrando detalles en la naturaleza que normalmente no solía ver.

Se quedó asombrada al percatarse cuántas maravillas  de la naturaleza había encontrado en ese paseo, maravillas que siempre están ahí y basta con detenerse algunos instantes para darse cuenta que existen y que forman parte de la realidad, que son importantes porque motivan la vida. Y algo más gratificante, son gratuitas y la naturaleza las comparte,  basta con darse la oportunidad de volver la vista, buscarlas, apreciarlas y cuidarlas para su conservación.

El corazón de Rosalía estaba contentito, motivado y agradecido porque justo al término del año, había tenido uno de los más bellos regalos, entre luces y susurros, la naturaleza le  había recordado la importancia de darse un espacio para convivir con ella, le había brindado la oportunidad de escuchar diversos paisajes sonoros y observar paisajes visuales que en ella habitan, también le había hecho tener presente una de las características de la niñez, la constante capacidad de asombro que debe mantenerse.

Regresó camino a casa, con los ojos húmedos del agradecimiento, con las imágenes de vida, paz y armonía y con un grato aroma a bosque húmedo, ese que le quedó tan presente al acariciar y oler la alfombra de musgo formado en la piedra. El año nuevo estaba por llegar y ella había empezado a prepararse para recibirlo.

PD. Agradezco a San Cristóbal Press el espacio en este 2018 para compartir las Voces ensortijadas que cada semana trazo. Gracias, desde el corazón, público lector que también me permite acercarme a ustedes, un  gusto poder compartir la palabra. ¡¡Feliz y venturoso 2019!!


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