Deshojar el calendario


2019-12-30 13:06:58


Mientras realizaba su caminata se le fueron viniendo a la mente, como una especie de destellos, diversos instantes vividos en el año que estaba por culminar.



Voces ensortijadas/María Gabriela López Suárez

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Deshojar el calendario

Mientras realizaba su caminata se le fueron viniendo a la mente, como una especie de destellos, diversos instantes vividos en el año que estaba por culminar.

Silvana se había hecho el propósito de madrugar el último fin de semana del año, en el fondo sabía que no lo habría de cumplir del todo, y en efecto, así fue. La alarma del despertador sonó, tomó el reloj y la apagó. No escuchó ningún ruido, su familia estaba dormida. Así que decidió seguir durmiendo.

Escuchó a lo lejos un ruido, ya se habían despertado en casa, Silvana revisó el reloj, marcaba las 8:30 am, era hora de levantarse y ejercitarse. Se quedó un rato sentada en la cama, no lograba despertar del todo. Fue al baño, lavó su rostro con abundante agua, a ver si conseguía despertar. Se cepilló los dientes, sujetó su cabello en una coleta. Se quitó la pijama y se puso un pants y sudadera. Pasó por sus tenis colgados en el tendedero de ropa, puso sus gafas para el sol, guardó las llaves de casa en su bolsillo y se dirigió a caminar. El tiempo que disponía era de 40 minutos.

No tenía una ruta planeada, en ese momento se le antojó ir rumbo al parque que quedaba como a 15 cuadras de su casa. Inició su travesía, el solecito ya alumbraba con algo de fuerza, -aún se siente grato el calorcito – pensó.

Observó con detenimiento lo que hallaba en su recorrido, la mañana era tranquila, sin tráfico, hasta cierto punto se percibía solitario. Eso le agradó y a la vez le preocupó, le parecía injusto y triste que, como mujer, no pudiera transitar por la calle y sentirse del todo segura. El estar constantemente alerta de quien estaba cerca de ella se había vuelto una práctica cotidiana, sobre todo cuando iba sola.

Silvana siguió caminando sin detenerse, con todo el cuidado que esto implicaba, disfrutando de la sombra de los árboles del parque que ya avizoraba. Cuando estuvo en el parque se dispuso a darle la vuelta a la rotonda que parecía decirle bienvenida. Levantó la vista al cielo y estaba totalmente despejado, en un hermoso tono azul celeste, sin ninguna nubecita o tinte blanco. Era un paisaje que solo se daba en la época de cierre de año, con ese aroma a bosque propio del parque.

Mientras realizaba su caminata se le fueron viniendo a la mente, como una especie de destellos, diversos instantes vividos en el año que estaba por culminar. Todo como un mosaico de colores, desde los acontecimientos tristes, los de coraje e impotencia, las sorpresas gratas y las terribles, los encuentros inesperados, los reencuentros, las buenas nuevas, las carcajadas que estimulan el corazón, el espíritu y el andar, los proyectos que había realizado y los que estaban en puerta, las personas que llegaron, las que partieron. Silvana imaginó que cada año que pasaba era como una película, que merecía la pena ir revisando y aprendiendo de ella.

Terminó de dar vuelta a la rotonda, observó a su alrededor y se detuvo un momento para tomar un descanso y escuchar la parvada de pericos que pasaba en esos instantes. - ¡Qué algarabía! - exclamó. Desde el fondo de su corazón agradeció al Creador estar viva y cerrando un ciclo de aprendizajes diversos. El olor a bosque, los rayos del sol, ahora más intensos y el ejercicio realizado la habían hecho despertar. Inhaló y exhaló, se sintió bendecida y agradecida por todo y todas las personas que habían en su vida, en su corazón.

Se dio cuenta que más personas comenzaban a llegar a correr al parque, iban en familias, eso le dio confianza. Era señal que el reloj debía marcar casi las 10, hora de regresar.

Al llegar a casa, fue directo a tomar agua, al pasar por la cocina observó el calendario colgado en la pared, aún tenía la fecha del día anterior. Se apresuró a deshojar el calendario, en casa era algo que ella y su hermano disfrutaban hacer desde pequeños, ver cómo iba adelgazando el bonche de hojitas - los días - , a medida que lo iban deshojando. En unas horas más de nueva cuenta se cerraría un ciclo… tic, tac... ¡¡¡Feliz 2020!!!

PD. Muchas gracias a San Cristóbal Press que me permitió divulgar esta columna semanal en el 2019, muchas gracias a ustedes público que me honra con leer y compartir éstas, nuestras Voces ensortijadas. Bienvenido 2020.


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