Corrupción


2017-07-14 06:27:36


Para nadie es un secreto que la corrupción es, si no el más importante, uno de los principales males de este país



Rotonda pública Por: Elio Henríquez

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Para nadie es un secreto que la corrupción es, si no el más importante, uno de los principales males de este país, y afecta –o beneficia, según el caso— a miles y miles de personas.

A esta Rotonda Pública han llegado quejas de que en tal o cual universidad pública, por ejemplo, es necesario pagar directa o indirectamente ciertas cantidades de dinero para “aprobar” el examen de admisión para ingresar a una determinada carrera, sobre todo a las más demandadas.

Se dice por ejemplo, que hay personas se dedican a “preparar” durante dos, tres o más meses a los aspirantes a presentar examen por 20 mil pesos o más, con el ofrecimiento de que tendrían su pase seguro.

Esto no está mal si no hubiera de por medio actos de corrupción, pero siempre queda la sospecha de posibles complicidades entre autoridades universitarias y los “instructores” porque da la casualidad de que los aspirantes que acuden a tales cursos, casi siempre aprueban los exámenes, aunque el promedio de la preparatoria de muchos de ellos sea inferior al de otros que se quedan en el camino cuando presentan la prueba de admisión.

Esta situación sólo se explica por la corrupción existente entre los “instructores” y ciertos funcionarios de las casas de estudio, que ya encontraron la forma de hacer dinero fácil.

“En San Cristóbal hay un instructor que saca hasta cuatro millones de pesos cada seis meses por la preparación de cada tanda que presenta examen”, aseguró una desconsolada madre, cuya hija supuestamente no aprobó el examen para estudiar medicina, cuando su promedio es relativamente alto, y en cambio otros de sus compañeros de generación que sacaron calificaciones menores pudieron entrar, gracias al “curso”.

Si las autoridades universitarias pusieran orden en todo esto, a las carreras más demandadas, como medicina, entrarían sólo los jóvenes mejores promedios y vocación y no los recomendados o los que pagan para ingresar.

Pero lo anterior no sucede sólo en el caso de las universidades, sino en diversas dependencias de gobierno, en las cuales es necesario pagar grandes cantidades de dinero para conseguir una plaza. Algunas de las más cotizadas son las de las secretarías de Educación y de Salud, donde a veces cada puesto cuesta hasta 200 mil pesos. Y lo peor: hay mucha gente que los paga con tal de tener un trabajo seguro con todas las prestaciones.

No faltan “promotores” que están ligados directamente con los funcionarios de alto nivel que ofrecen dichas plazas, aunque muchas veces sólo estafan a la pobre gente y ni siquiera les consiguen el ofrecido y tan anhelado empleo.

En esto juegan un papel importante los sindicatos, a través de los cuales se hacen muchas veces los contactos y los trámites correspondientes o las contrataciones directamente para pagar –primero hay que pagar, claro- para la obtención de la plaza.

En ocasiones no sólo es dinero, pues cuando son varones los que están al frente de alguna área, dirección y la jefatura máxima y son mujeres las interesadas en obtener una plaza, lo primero que le piden es que se acuesten con ellos.

Existen varios casos de estos, de mujeres que han cedido a la tentación de obtener un empleo, pero también de otras que con mucha dignidad han rechazado las proposiciones indecorosas, indignantes aunque no consigan una plaza.

“A ese precio nunca. Prefiero quedarme sin trabajo”, oí decir hace algunos años a una mujer, que a pesar de ser madre soltera no aceptó ir a la cama a hacer algo en contra de su voluntad sólo por obtener un trabajo.

Lo malo es que casi siempre estos casos no trascienden porque las mujeres, que quedan en shock, no los denuncian, por lo que los funcionarios que de esta forma sacian sus instintos sexuales valiéndose del cargo, continúan haciendo de las suyas y quedan en la impunidad.

Para no pocos funcionarios, este modo de proceder es normal y lo hacen cotidianamente, aprovechándose de la necesidad de la gente. Desgraciadamente, cada vez es más recurrente y cotidiano este proceder.

“Todo tiene un precio en la vida”, es una de las cínicas frases que acostumbran decir algunos de estos funcionarios para presionar a las mujeres para que cedan a sus pretensiones.

El grado de cinismo es cada vez mayor en estos casos, pero la necesidad de la gente es también cada vez más grande por la falta de espacios en ciertas carreras universitarias y para la obtención de plazas en dependencias del gobierno.

Claro que en todo esto prevalece un círculo vicioso porque si no hubiera personas que dieran dinero para “aprobar” un examen o para obtener un trabajo no habría funcionarios y amigos suyos que son los que hacen los contactos, haciéndose de tanto dinero de forma fácil, a costa del sufrimiento de mucha gente.

Lo peor es que no hay ninguna esperanza de que las cosas cambien, por el contrario, el deterioro es cada vez mayor porque las oportunidades son cada vez menos en todos los sentidos, la competencia más acentuada, pues no hay dinero ni trabajo y la crisis es cada vez mayor.

Cada vez que se dan los resultados de los exámenes de admisión para ciertas universidades públicas, viene la frustración para muchos jóvenes y su familia, pues a pesar del esfuerzo y en ocasiones de los buenos promedios, no encuentran un espacio para estudiar la carrera que desean, por lo que a veces terminan cursando una para la cual no tienen vocación o en casas de estudio que no llenan sus expectativas.

Ojalá hubiera funcionarios honestos que hicieran algo para frenar este tipo de casos en universidades para el ingreso de jóvenes y en las dependencias para la obtención de un trabajo, aunque desgraciadamente hay que buscar con lupa porque la corrupción no sólo no se detiene sino que aumenta cada día.


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